Trayectoria

Federico Ramírez
El baloncesto siguió desarrollándose en el país, pero sin ninguna organización. Más bien se jugó de manera rudimentaria durante varios años, a pesar de que los santiagueros ya habían recibido las enseñanzas del pionero Salvador Cocco Pastoriza y a que continuaron practicándolo. 

Uno de los problemas que tuvo este deporte fue que en el país no se disponía de los elementos indispensables para su práctica y los balones existentes eran muy escasos; es decir que los balones, por ejemplo, se podían contar con una sola mano y sobraban dedos. 

Los profesores de cultura física de entonces se las ingeniaron para conseguir algunos utensilios, siempre de acuerdo a los informes de Don Tuto Cocco Pastoriza. 

A la ciudad Capital, el basketbol llegó con las visitas de varios de aquellos santiagueros que ya conocían el juego y por los capitaleños que viajaban a la ciudad de Santiago. Y en esos intercambios los jóvenes capitalinos, muy pocos entonces, comenzaron a interesarse por la actividad, misma que se jugaba de manera rústica, elemental y sin todos los conocimientos reglamentarios.

Según veteranos profesores de educación física como el fallecido Luís Eugenio -Blanco- Perdomo Puello, Rafael Ortiz Celado y Rafael -Papo- Germes Puente, entre 1918 y 1924 el baloncesto fue parte de algunos festivales deportivos y juegos florales de distintas comunidades urbanas, tanto de la Capital, Santo Domingo, como de Santiago, San Pedro de Macorís y La Vega, en donde se combinaban las actividades musculares y las bellas artes. 

En San Pedro y Santiago ya las mujeres incursionaban en el juego. Las petromacorisanas llegaron a conformar varios equipos en los años veinte. Se cuenta que de las jovencitas que practicaban el juego las había provenientes del Colegio "La Milagrosa", de Mayagüez, Puerto Rico. Algunas de ellas se reunieron con Adolfo Piris y Tomás Binet (padre), quienes estudiaban también en la vecina isla, y decidieron que a su regreso conformarían equipos femeninos de baloncesto, lo que ocurrió de acuerdo a lo narrado por Piris Mendoza. 

Alfonzo Paniagua

El historiador petromacorisano también señala que Manuel Salazar, otro hijo de la Sultana del Este, fue quien introdujo el baloncesto al Distrito Nacional, donde fue a estudiar. De más está decir que por la cercanía los macorisanos introdujeron este deporte en La Romana.

El doctor Manuel Joaquín Báez Vargas, destacado abogado y periodista deportivo, co-fundador de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo, señala que uno de los propulsores, también en los años veinte, fue el profesor Federico Ramírez Guerra, a quien le atribuye la organización de torneos internos en el Gimnasio Escolar de Santo Domingo, de los cuales surgían selecciones de los mejores jugadores que luego se enfrentaban a los soldados de ocupación.

Báez Vargas, en su libro Pasión Deportiva, identifica a varios de esos atletas, entre ellos a Jaime -Capejón- Díaz, Fernando Cristóforis, Juan Tomás Fiol y Puchulo Perelló.

Conforme a la versión de lo narrado por Báez Vargas en las páginas 19, 20, 21, 22 y 23, de su valiosa obra, el profesor Ramírez Guerra "mandó a construir los primeros tableros para el juego de basketball, después de recibir algunas pelotas para ello".

Esos tableros de madera "estaban montados en dos cuartones que eran sostenidos en sus bases por otro cuartón que los unía transversalmente. Para que pudieran sostenerse esos aparatos, Don Federico hizo añadir otros dos cuartones de más o menos 4 pies hacia la parte de atrás, los cuales quedaban 'amarrados' con un tabloncillo, formando así un cuadro en dicha parte de atrás. A fin de que los tableros así montados no se fuesen hacia adelante, con el peso de los tableros y el viento que los combatía, ya que el Gimnasio Escolar estaba situado a la orilla del mar, en el tabloncillo que los 'amarraba' en su base, en la parte de atrás, se colocaban unos grandes peñascos".

Los aros que se colocaron en los tableros eran movibles, de manera que cuando terminaba la faena diaria eran llevados al almacén para ser resguardados.

Máximo Llaverías

Un destacado atleta puertorriqueño, Pedro Miguel Caratini, que fue uno de los primeros jugadores del equipo de béisbol Tigres del Licey, también incidió en el desarrollo del juego de baloncesto en esos años en que el Gimnasio Escolar era la meca del deporte en el país, en especial del juego de pelota.

Caratini, quien es considerado por muchos como el Padre de la Contabilidad en República Dominicana, vino al país contratado por el gobierno del tirano Rafael Leonidas Trujillo para llevar las finanzas del Estado y preparar a los contables del régimen.

Como había practicado el baloncesto en su natal Puerto Rico, este gran amante del béisbol también puso su granito de arena en favor de la disciplina del aro y el balón. Pedro Miguel Caratini, entonces, fue junto a don Frank Hatton (uno de los pioneros de la radiodifusión en el país) y José A. Sabino, parte del grupo de colaboradores que tuvo el profesor Ramírez Guerra en su afán de organizar eventos de la disciplina. 

Hatton y Sabino conocían el juego de baloncesto porque habían viajado a los Estados Unidos y ello les permitía, al igual que a Caratini, ayudar con cierta frecuencia a la clase del entonces director del Gimnasio Escolar. 

El propio Manuel Joaquín Báez Vargas fue uno de los alumnos que aprendió a jugar baloncesto en los años veinte, pero afirma este veterano profesor de educación física, comunicador y abogado, que poco después de construidos los tableros ellos perfeccionaron la técnica debido a que "unos cuantos jóvenes pertenecientes al Cuerpo de Marina Norteamericana que invadían nuestro país, los cuales prestaban servicios como técnicos de radio en la estación que estaba a pocos metros del Gimnasio Escolar, comenzaron a visitar en las tardes el área del Gimnasio donde se colocaron los tableros, en la parte suroeste de los terrenos del Gimnasio, y allí vimos practicar con alguna destreza el basketball. Al principio, algunos de los muchachos nos acercábamos tímidamente a esos jóvenes marinos norteamericanos. Y uno de nosotros, Munún (Fernando) Cristóforis, tuvo la cortesía de devolverles con el pie una pelota que se alejó un poco de ellos. Ello fue el inicio de un fraternal acercamiento entre esos marinos que practicaban basketball en el Gimnasio y muchos de los muchachos que ya nos habíamos iniciado en dicho deporte". 

Fue entonces cuando los escolares de aquella época -siempre de acuerdo al autor de Pasión Deportiva- organizaban partidos dentro de las festividades del Día del Arbol y el Día de las Madres. 

Virgilio Travieso Soto

En los meses previos a la salida del país de los soldados estadounidenses, en 1925, se erigió la primera cancha fuera del Gimnasio Escolar. Ello fue realizado por un grupo de jóvenes, entre los cuales estaban Báez Vargas, Frank Hatton y Néstor Lambertus, quienes formaron parte del equipo "Rojos", y Fernando Cristóforis, entusiasta del equipo "Azules". 

Poco después fue levantada otra cancha en el patio de la familia de Don Ramón O. Lovatón, en la avenida Independencia.   

La influencia del profesor Ramírez Guerra se mantuvo hasta poco después del 1931, pero en ese interregno hubo una figura que tuvo mucho que ver en la difusión y avance del juego: Alfonso -Filo- Paniagua, un puertorriqueño que vino al país en 1927 y que compartió sus actividades de trabajo con la pasión por el deporte que aprendió en su país de origen, donde ya se jugaba de manera organizada desde mucho antes que aquí, puesto que este deporte penetró a Borinquen en 1902, según narra en uno de sus libros Don Emilio Huyke, Padre del Baloncesto en Puerto Rico.

Paniagua fundó el Independencia Basketball Club en 1930 y de ahí salieron dos conjuntos, Los Ases y Atlético Pindú, que fueron los que mantuvieron viva la llama durante varios años por la rivalidad que imprimieron en cada intercambio o torneo que realizaron. 

El equipo Pindú, incluso, se llevó una tremenda sorpresa en San Pedro de Macorís, cuando el 12 de octubre de 1927 fue a intercambiar en el acto de apertura de una cancha, que según narra el historiador Miguel Alfonso Piris Mendoza, fue la primera duela "entarbiada" del país ya que hasta entonces eran de caliche.  

Ocurre que el seleccionado capitalino fue vencido por un equipo de la Escuela Normal de San Pedro de Macorís, integrado por Enrique Bello Cairo, Gabriel Olivier Pino, Darío Carbuccia, Ventura Rincón (también boxeador sobresaliente), el héroe nacional Luís Amiama Tió (quien fue parte de la conjura contra el dictador Rafael Leonidas Trujillo), Angel Peguero, Emilio Toribio Rafael Richiez Acevedo y otros. 

De manera que en Santiago, el Distrito Nacional y en San Pedro de Macorís hubo entusiasmo y deseos de superación, al tiempo que hubo intercambios amistosos que, aunque sin mucha frecuencia, fue colaborando con el todavía rústico juego en el país. 

Dr. Oscar Gobaira

Los que conocieron a Paniagua sostienen que era un gran conocedor del juego, que trajo con él lo mejor de la técnica de aquella época y que era un líder entre los muchachos que le siguieron en sus aventuras deportivas. 

Entre esos jóvenes que siguieron a Filo Paniagua se cuentan sus compañeros en el equipo Los Ases, que representaba al sector de Gazcue y al que sus oponentes le llamaban "los Blanquitos" porque provenían de familias de la más alta sociedad de la época. 

Los Ases contaron con los servicios de Alfonso Paniagua, Calixto García, Máximo Llaverías Martí, Derian Villa (o Villba), Baringueche Báez López-Penha, Mario Lovatón, Rafael -Fello- Aybar, Ignacio Guerra, Jaime Alvarez y los hermanos Rivas Vásquez. 

El Club Atlético Pindú, cuyos integrantes eran denominados como "los Morenitos" porque supuestamente provenían de barrios "pobres", tenía en sus filas a Ninito Pujols, Fernando -Ninito- Castillo, Julio Casius Linval, Freddy Valdez, Niño Domínguez, José Ernesto -Negrito- Chapuseaux, Jaime -Capejón- Díaz, Carlos Guerra y Ramón Ruiz, entre otros. 

En el año 1937 se produjeron en el país las Olimpíadas Nacionales de la República Dominicana (primera versión de los Juegos Nacionales que conocemos) y como parte de los eventos deportivos se incluyó al baloncesto. El seleccionado del Distrito Nacional se llevó el premierato. En ese conjunto militó el versátil Ignacio Guerra, quien fue el capitán del equipo, así como también Antonio Prueba, nativo de España que llegó al país de apenas año y medio de edad y que con el discurrir del tiempo se constituyó en un excelente deportista.

Paniagua fundó el Independencia Basketball Club en 1930 y de ahí salieron dos conjuntos, Los Ases y Atlético Pindú, que fueron los que mantuvieron viva la llama durante varios años por la rivalidad que imprimieron en cada intercambio o torneo que realizaron.

El equipo Pindú, incluso, se llevó una tremenda sorpresa en San Pedro de Macorís, cuando el 12 de octubre de 1927 fue a intercambiar en el acto de apertura de una cancha, que según narra el historiador Miguel Alfonso Piris Mendoza, fue la primera duela "entarbiada" del país ya que hasta entonces eran de caliche.  

Ocurre que el seleccionado capitalino fue vencido por un equipo de la Escuela Normal de San Pedro de Macorís, integrado por Enrique Bello Cairo, Gabriel Olivier Pino, Darío Carbuccia, Ventura Rincón (también boxeador sobresaliente), el héroe nacional Luís Amiama Tió (quien fue parte de la conjura contra el dictador Rafael Leonidas Trujillo), Angel Peguero, Emilio Toribio Rafael Richiez Acevedo y otros. 

De manera que en Santiago, el Distrito Nacional y en San Pedro de Macorís hubo entusiasmo y deseos de superación, al tiempo que hubo intercambios amistosos que, aunque sin mucha frecuencia, fue colaborando con el todavía rústico juego en el país. 

Los que conocieron a Paniagua sostienen que era un gran conocedor del juego, que trajo con él lo mejor de la técnica de aquella época y que era un líder entre los muchachos que le siguieron en sus aventuras deportivas. 

Entre esos jóvenes que siguieron a Filo Paniagua se cuentan sus compañeros en el equipo Los Ases, que representaba al sector de Gazcue y al que sus oponentes le llamaban "los Blanquitos" porque provenían de familias de la más alta sociedad de la época. 

Los Ases contaron con los servicios de Alfonso Paniagua, Calixto García, Máximo Llaverías Martí, Derian Villa (o Villba), Baringueche Báez López-Penha, Mario Lovatón, Rafael -Fello- Aybar, Ignacio Guerra, Jaime Alvarez y los hermanos Rivas Vásquez. 

El Club Atlético Pindú, cuyos integrantes eran denominados como "los Morenitos" porque supuestamente provenían de barrios "pobres", tenía en sus filas a Ninito Pujols, Fernando -Ninito- Castillo, Julio Casius Linval, Freddy Valdez, Niño Domínguez, José Ernesto -Negrito- Chapuseaux, Jaime -Capejón- Díaz, Carlos Guerra y Ramón Ruiz, entre otros. 

En el año 1937 se produjeron en el país las Olimpíadas Nacionales de la República Dominicana (primera versión de los Juegos Nacionales que conocemos) y como parte de los eventos deportivos se incluyó al baloncesto. El seleccionado del Distrito Nacional se llevó el premierato. En ese conjunto militó el versátil Ignacio Guerra, quien fue el capitán del equipo, así como también Antonio Prueba, nativo de España que llegó al país de apenas año y medio de edad y que con el discurrir del tiempo se constituyó en un excelente deportista.

La serie terminó 4-1 a favor de los boricuas, pero el desquite no se hizo esperar por mucho, ya que en 1940 la República Dominicana habría de enviar a su primera delegación basketera al exterior, que resultó ganadora, como veremos más adelante en el capítulo donde se comienza a narrar la trayectoria de las selecciones nacionales. 

Como se podrá notar, desde su llegada al país en diciembre de 1914 -de la mano de don Salvador Cocco Pastoriza- hasta poquito más allá de 1940, el baloncesto no tuvo una gran proliferación en el país, concentrándose la actividad en Santo Domingo y Santiago, básicamente. No obstante, se jugó de manera continua en ambas plazas y se sabe de algunos intercambios que se hicieron también en La Vega, otra provincia con una gran tradición deportiva, así como en otros pueblos de la república. 

Una de las entidades que contribuyó a difundir el basketbol en la ciudad de Santiago fue el Colegio De La Salle, en donde aprendieron a jugar atletas de la talla de Oscar Gobaira y Rafael Uribe, los que más tarde llegarían a formar parte de la selección nacional. Santiago también le dio cabida a la práctica del basket femenino y se recuerda que hubo dos equipos memorables: Atlético Cibao y Deportivo Santiago, donde actuaron pioneras que luego llegarían a la inmortalidad deportiva. 

La fundación de la entidad rectora (hoy Federación Dominicana de Baloncesto) por parte de Máximo Llaverías Martí, provocó que este deporte tuviera algún seguimiento, pero es lógico que sus actividades principales giraran más bien en torno a la pre-selección nacional que, algunas veces con el nombre de "Mosqueteros", pudo hacer contados intercambios internacionales. 

Independientemente de los compromisos que hubo a nivel internacional, en el aspecto doméstico el baloncesto fue dejando sus huellas en el deporte escolar como parte de las tareas que entonces realizaban los profesores de educación física. 

Pero también hubo entusiastas que formaron equipos independientes para participar en intercambios ínter barriales y en las propias escuelas, como fue el caso del equipo Atlas, del barrio La Esperilla, de Santo Domingo, fundado por Juan Bernard y de donde surgieron varios jugadores de calibre, como el legendario Varilla Lugo, quien inició sus pininos en esa entidad en el año 1942 para luego erigirse en una figura que destacó como jugador de primer nivel con los equipos Licey, Caribe y en los intramuros de la Escuela Normal de varones, antes de pasar a la selección nacional de mayores. 

Para 1943 el baloncesto se practicaba ya no solo en Santo Domingo y los pueblos más desarrollados del Cibao (Santiago, La Vega, Moca, San Francisco de Macorís, Puerto Plata) sino que en las regiones Este (San Pedro de Macorís) y Sur (San Cristóbal, Azua, Barahona) ya se estaban realizando torneos en las escuelas y fuera de éstas, como uno que muy bien se efectuó en Azua donde los equipos locales Lídice y Pindú se enfrascaron en una dura lucha. Esa justa, que se denominó Gran Campeonato de Basketball Pro Centenario de la República, dio a conocer a uno de los grandes deportistas de nuestro país, Juan Ulises García Saleta (Wiche), quien muchos años después fue nombrado como el Padre del Olimpismo Dominicano.

Para el equipo Lídice, cuyo uniforme era rojo, jugaron Manuel Horacio Ruiz, Marión Pelletier, José Augusto García, Wiche García Saleta y Monchín Valdez. Por los azules del Pindú jugaron Tomás Alberto Oviedo, Joaquín Ruiz, Kleber Pelletier y Pilades Aybar. 

Ya para el Centenario de la República (27 de febrero de 1944) se hicieron eventos de todo tipo y el baloncesto no podía faltar. Incluso, hubo intercambios entre clubes de Santiago de los Caballeros, la Capital -entonces llamada Ciudad Trujillo-, La Vega, San Pedro de Macorís y Azua. 

Además, hubo una selección que sostuvo algunos partidos internacionales como parte de aquellos festejos patrióticos. Es indiscutible que la mayor actividad basketera de mediados de los años cuarenta se concentró en la escuela, donde se efectuaron campeonatos en las demarcaciones principales. Uno de esos eventos escolares fue inaugurado en 1945 en La Normal, donde Máximo Llaverías Martí, entonces Comisionado Nacional de Baloncesto, pronunció un memorable discurso previo al saque de honor por parte del señor Frank Hatton, entonces Director General de Deportes. 

En el primer partido, el equipo de Los Blancos venció a los Azules 60-55, gracias a la poderosa ofensiva de dos estrellas en ciernes: Tulio Enrique Martí Brenes, quien anotó 23 puntos, y Manuel de Regla Lugo Barinas (Varilla), quien coló 18. En el equipo de Los Blancos también se distinguieron Héctor Dávila, con 10 puntos, G. Rivera con 6, y P. Mercado, 3. Por los Azules, los mejores a la ofensiva fueron Rafael Estévez, con 21 puntos; René Elías, 11, y Virgilio Travieso y C. Battle, 6 cada uno. A. Parada y R. Cruzado añadieron cuatro tantos per cápita. 

Una amplia cobertura le dio a esta justa el periódico La Nación de aquella época, que desplegó con gran acierto sus reportajes. Es justo resaltar que la narrativa de aquellos memorables partidos era fina y redactada con sobrada elegancia, lo que habla muy bien de la clase periodística de la época. 

El deporte del aro y el balón sirvió para que los cronistas deportivos lucieran galas de su capacidad para describir el juego, tal y como veremos a seguidas en una parte de la reseña que sobre ese partido inaugural apareció en el referido diario: "Desde que el ingeniero Hatton soltó la bola se inició un sensacional combate entre los 'chiquitines' Azules y los Blancos. El primer canasto de la noche lo logró al minuto de comenzar el juego el jugador Tulio Marty (Martí), de los Blancos, quien a la larga se convirtió en el mejor anotador del juego. Los Azules respondieron inmediatamente, empatándose el score; subieron nuevamente los Blancos, pero René Elías encestó desde medio campo y volvió a producirse el empate por segunda vez, 4 por 4. Los de Fonso Peña siguieron punteando llegando a contar con una ventaja significativa en un 14 a 9 a su favor. Los 'pibes' de José Miguel Lacad y Virgilio Travieso comenzaron a reaccionar; entonces fueron levantando sus puntuaciones, al punto de que cuando sonó el silbato del referee la pizarra señalaba 32 por 30 para sus colores".

"Así las cosas, se inició el segundo hala (tiempo), cerrado, discutido. Los Blancos abrieron ahora sus fuegos graneados, logrando hacer caminar su marcador más de pronto que el del contrario, terminando con una diferencia de 7 puntos en su favor, ya que la anotación fue de 30 por 23, la que sumada a la del primer tiempo hizo un total de 60 por 55". 

Los oficiales que actuaron en aquel partido de apertura del Torneo Ínter cursos de la Escuela Normal Presidente Trujillo fueron: Jueces, Lorenzo Ochoa y A. Lockward; referee, Máximo Bernard; umpire, Felipe Maduro, y anotador, Rafael Morell. 

Arraigado ya este deporte en la juventud de mediados de los años cuarenta, los colegios, escuelas y equipos (clubes) particulares de todas las demarcaciones comenzaron a jugar entre sí. Los encuentros entre los Mosqueteros de La Normal y los Pollitos de Santiago incentivaron a otros para la realizaron de series de intercambio. 

Claro está que desde poco antes de los años cuarenta fueron cada vez más frecuentes los encuentros entre equipos de la ciudad Capital, Santiago, La Vega, Moca, San Francisco de Macorís y Puerto Plata, aunque los equipos no eran muy abundantes, pero fue a partir del segundo lustro de esa década cuando se efectuaron mayores eventos, tanto dentro como fuera del sistema educativo. 

Las actividades escolares siguieron predominando, como nos relata Don Tulio Martí, uno de los protagonistas de entonces: "El baloncesto fue creciendo poco a poco y se hacían encuentros entre equipos de distintos pueblos. Por ejemplo, nosotros comenzamos a jugar a los diez años de edad en el Colegio De La Salle, y realizamos muchos intercambios durante años, hasta llegar a la primera categoría". 

Martí fue uno de esos jugadores que amó el juego con intensidad. Parte de la selección nacional desde muy joven, asistió a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla en 1946, evento del que conservó algunas fotos para la historia, como una en la que aparece junto a Varilla Lugo y Virgilio Travieso en plena cancha. 

"Nosotros nos manteníamos jugando con los equipos de la ciudad capital y con los de Santiago. Así crecimos", agrega Don Tulio, quien fuera uno de nuestros principales jugadores. 

Un recorte del diario La Nación fechado el 10 de mayo de 1948, trae una reseña de un partido entre el Colegio De La Salle, del Distrito Nacional, y la Escuela Ulises Francisco Espaillat, de Santiago, que fue ganado por los capitalinos. 

"Con puntuación de 34 x 32, los muchachos del Colegio De La Salle de esta capital se adjudicaron el triunfo anoche en su propia cancha, contra la representación de la escuela Ulises Francisco Espaillat, de la ciudad de Santiago". 

"Los lasallistas se adjudicaron el primer half con puntuación de 18 por 12, evidenciándose en el mismo un ligero dominio de los colegiales. Sus contrarios aparecieron algo imprecisos en los tiros y como fatigados por la travesía de los kilómetros caminados en el bus que los condujo hasta Monseñor Nouel, donde fueron recogidos a última hora por una guagua del Colegio De La Salle, para traerlos a la capital".

Los mejores anotadores en el partido fueron: Tulio Martí, con trece, por los ganadores, y Guido Ricardo (11) y Víctor Sued (8) por Santiago. 

También hubo sus encuentros internacionales en esos años. Otro despacho de prensa -del miércoles 8 de enero de 1947- escrito por el capacitado redactor Juan E. Gautreau en La Nación, da cuenta del triunfo de un seleccionado criollo que, con el nombre de Olímpicos, venció a un seleccionado del acorazado argentino Rivadavia: "Indudablemente que los marinos argentinos que a bordo del acorazado 'Rivadavia' realizan un viaje de buena voluntad por los países de América se ganaron la simpatía del pueblo dominicano tan pronto como arribaron a nuestras hospitalarias playas. Demostración palpable de esta aseveración fue el enorme público, compuesto en su mayoría por encantadoras damitas, que se congregó anteanoche desde muy temprano en la cancha del Partido Dominicano para ver en acción a los 'pibes' canasteros de la misión 'gaucha' frente a un combinado compuesto en su mayoría por miembros del Equipo Olímpico Dominicano", expresa Gautreau. 

El juego, cuyo primer tiempo favoreció a los locales 31-16, fue ganado de manera amplia (58-31) por nuestros Olímpicos, quienes fueron liderados por Manuel -Varilla- Lugo y Tulio Martí, con 12 tantos cada uno, y Rafael Espada, con 10. Máximo Bernard y Lorenzo Ochoa colaron 7 cada uno; Gilberto Guerra agregó 6 y Virgilio Travieso 4. Por los argentinos, Roberto Sine coló 9 tantos. 

Ya en la década de los años cincuenta el baloncesto era bien conocido en el país, pero su práctica todavía estaba reducida por diversas razones, entre ellas por la falta de duelas. 

Hubo varios torneos que se jugaron en la cancha del Partido Dominicano, entre equipos que llegaron a tomar fama entonces, tales como el Zenith, Universidad de Santo Domingo, Pepsi, Los Corsarios, y Chevrolet. Cabe recordar que el equipo Pepsi fue auspiciado por la empresa de refrescos que adquirió la franquicia de esa bebida, una que convirtió a la República Dominicana en el primer país fuera de territorio estadounidense en envasar dicha gaseosa (según versiones, eso fue a partir de 1938). 

Tulio Enrique Martí Brenes fue uno de los jugadores que más aprovechó estos campeonatos, a tal grado que fue dirigente-jugador del equipo Universidad de Santo Domingo y ganó dos series que posteriormente le valieron para ser seleccionado Baloncestista del Año en 1952 por la Asociación de Cronistas Deportivos de Ciudad Trujillo (ACDCT) que presidía entonces Fernando A. Concha P. 

Don Tulio Martí recuerda que, en aquella oportunidad, sus máximos rivales para la obtención del prestigioso premio fueron Varilla Lugo, Luís Rodríguez y Virgilio Travieso, "quienes estuvieron bastante bien en toda la temporada".